alumna: Ludmila Yulen Borja Hernandez
Gastronomía
Gastronomía (del griego γαστρονομία)1 )
es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente
o entorno. Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia.
A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene
relación con el arte culinario y
la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del
campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un
cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales
tomando como eje central la comida.
Historia
La historia, de la cocina
se inicia cuando se empieza a utilizar el fuego para preparar los alimentos,
que resultan así más fáciles de comer y más digestibles, y más agradables en
cuanto a una temperatura adecuada para el cuerpo. Hace 400 000 años a la
cocción de los alimentos por parte del hombre de Pekín, y
primeras combinaciones de alimentos. Otro paso de suma importancia fue la agricultura,
que permitió al ser humano planificar su fuente de recursos alimenticios,
creando excedentes para épocas de escasez. En paralelo, la domesticación de
animales y el surgimiento de la ganadería propiciaron
otra gran fuente de alimentos, de más fácil alcance que la dependencia de la caza y
la pesca.
En el Antiguo Egipto se
inventaron procedimientos para elaborar pan con levadura,
así como vino y cerveza.2
Como en tantos otros
terrenos, fue en la Antigua Grecia donde
se sentaron las bases de la gastronomía como ciencia, y fueron los creadores de
los recetarios y la literatura gastronómica. En principio, los griegos
despreciaron el pescado como
comida de pobres, pero alrededor de los siglos III y II a.C. se revalorizó,
pasando posteriormente a la cocina romana, que valoró mucho el pescado y el marisco.
En Grecia se inventó la cazuela mediterránea de pescado, con aceite
de oliva y
cocida sobre leña.
También se consumía todo tipo de carnes, prácticamente las mismas de hoy en
día, siendo los griegos los primeros en dar primacía al cerdo,
hasta entonces no muy valorado. También eran bases fundamentales de su cocina
el pan y el vino, y según el escritorAteneo en
el siglo
II a. C. existían
72 clases diferentes de pan en Grecia. El vino lo tomaban mezclado con agua y
aromatizado, y se usaba mucho en guisados. La cocina griega se difundió por
todo el Mediterráneo, siendo la base de la actual cocina occidental.3
En la Antigua Roma la
cocina evolucionó de la frugalidad de la época republicana, basada en vegetales, legumbres y cereales,
a la riqueza de la época imperial, donde se importaban
numerosos alimentos de países extranjeros, con gran influencia de la cocina
griega. Los romanos practicaron la avicultura y
la piscicultura,
así como la elaboración de embutidos,
y perfeccionaron las técnicas relacionadas con el vino y el aceite. Solían
cocinar con especias y hierbas aromáticas, y les
gustaba la mezcla de dulce y salado. También dieron mucha importancia a la
presentación de la comida y al ceremonial del acto de comer, siendo famosos los
fastuosos banquetes que organizaban los ricos y nobles romanos. Igualmente,
existieron numerosos tratadistas que estudiaron el arte de la cocina, como Lúculo y Marco Gavio Apicio, autor
del célebre recetario Apitii Celii de Re Coquinaria libri decem,
muy valorado en el Renacimiento.4
Herederas de la cocina
griega y romana fueron la bizantina y
la árabe: de la primera destacó su repostería,
así como la elaboración de quesos y
el gusto por los rellenos y la carne picada; la segunda recogió todas
las influencias anteriores, junto las derivadas de Persia y el Oriente,
mientras que en España (al-Andalus)
desarrolló nuevos productos agrícolas, como el arroz,
la caña de azúcar, la granada y
la berenjena.
La cocina árabe influyó en buena medida en la gastronomía medieval,
aunada a la rica tradición grecorromana. A pesar de las épocas de intensa
hambruna, en el Medievo fue muy valorada la gastronomía, desarrollándose en
gran medida la literatura gastronómica, con tratados como The forme of Cury, escrito por
el cocinero de Ricardo II de Inglaterra; Daz Buch von guter Spise, obra
anónima editada en Alemania; Le Viandier, del francésGuillaume Tirel, apodado
Taillevent; y Libre del Coch,
del catalán Robert de Nola.5
En el Renacimiento se
revitalizó la cultura clásica, llegando la gastronomía a altas cotas de
refinamiento y sofisticación. Destacó la cocina veneciana, que gracias a su
comercio con Oriente favoreció la importación de todo tipo de especias: pimienta, mostaza, azafrán, nuez
moscada,clavo, canela,
etc. Un factor determinante para una nueva gastronomía fue el descubrimiento de
América, de donde llegaron nuevos alimentos como el maíz,
la patata,
el tomate,
el cacao,
los frijoles,
el cacahuete,
el pimiento,
la vainilla,
la piña,
el aguacate,
el mango,
el tabaco,
etc. En el Barroco empezó a destacar la gastronomía francesa, que
adquirió unas elevadas cotas de calidad de las que aún goza hoy día. El cultivo
de las artes culinarias en Francia fue favorecido por los Borbones,
especialmente por Luis XIV, monarca de gran paladar;
sin embargo, estas delicias culinarias estaban reservadas a la aristocracia,
mientras que la mayoría de la población solía pasar hambre. Entre los tratados
gastronómicos de la época conviene resaltar el del español Francisco Martínez Montiño,
titulado Arte de cocina,
pastelería, bizcochería y conservería (1611).
La Revolución Francesa
marcó un punto de inflexión en la gastronomía europea, que se extendió a nivel
popular, siendo un acervo común de todos los estamentos sociales, y no sólo los
privilegiados. Surgieron los restaurantes, se extendió el uso de la
conserva de alimentos (proceso favorecido por la Revolución Industrial), y
proliferó la literatura gastronómica, no ya en simples recetarios, sino en
obras de investigación y divulgación, de teoría y ensayo, como la Fisiología del gusto de Brillat-Savarin (1826),
o Le Grand Dictionnaire de
Cuisine de Alexandre Dumas(1873);
también apareció entonces la crítica gastronómica, con publicaciones como la Guía
Michelin. En el siglo XX ha tenido una especial
relevancia la industria conservera y la elaboración de alimentos precocinados,
así como la tendencia a la comida
rápida (con
productos comohamburguesas y frankfurts) y los preparados para microondas.
En sentido inverso, ha surgido una nueva preocupación por los alimentos sanos y
equilibrados, que han favorecido el surgimiento de nuevos productos que
destacan sus cualidades nutricionales. También hay que destacar la
revalorización de la cocina regional, favorecida por el avance de los medios de
transporte y el auge del turismo,
que conllevó el retorno a una cocina natural y sencilla, hecho que marcó el
punto de arranque de la nouvelle cuisine, que
aúna la tradición y la sencillez con los nuevos adelantos y un cierto afán de
innovación y experimentación.7 Como
cocineros de relevancia se podría citar a: Auguste Escoffier, Joël
Robuchon, Paul Bocuse, Heston
Blumenthal, Donato
de Santis, Karlos Arguiñano, Juan María Arzak, Ferran
Adrià, Santi Santamaría, etc.
REVOLUCION DE LA COCINA Y EL PADRE DE LA COCINA
Cuando hablamos de los
orígenes de la cocina contemporánea todos pensamos en Francia y por lo general
en la Nouvelle Cuisine de los años 60 del S.XX. Pocas veces entendemos que este
movimiento culinario no sería posible sin toda una renovación, un cambio
radical de concepción, que tuvo lugar en el S.XIX y a comienzos del S.XX. Pero
aún cuando lo hacemos hay un nombre que nos viene a la cabeza por encima de
cualquier otro: Auguste Escoffier, el creador de una nueva forma de entender lo
culinario como negocio, de gestionar el restaurante y de cientos de recetas que
hoy son considerados clásicos franceses y de la alta cocina internacional.
Es cierto que Escoffier
tuvo la inmensa suerte de poder combinar su indiscutible genio para la cocina
con los avances de su época, especialmente en cuanto a conservación y
transporte de las materias primas, lo que le permitió trabajar en terrenos
hasta entonces impensables. Pero no es menos cierto que todos esos logros
apoyados en los avances de su época no pueden entenderse sin el precedente,
mucho menos conocido pero al menos igual de trascendental, de Antonin Careme,
sin duda la figura clave en el paso de la cocina del antiguo régimen a la
contemporánea.
Careme es, además, un
personaje tan irremediablemente francés que hasta podría pasar por una
caricatura en la que se mezclan los tópicos con personajes de novelas de Victor
Hugo. Tal vez venga de ahí la veneración que se tiene hacia su figura en el
pais vecino.
Como decía, todo en la vida
de Careme es más propio de un dramón decimonónico que de lo que nos puede
parecer real: nacido en un barrio humilde a orillas del Sena y en medio de
entre 15 y 25 hermanos (depende de las fuentes), su padre, estibador, se lo
llevó a comer a una taberna cuando tenía diez años. Y allí mismo, después de
explicarle lo dura que es la vida y los apuros de la familia, lo abandonó. Al
poco tiempo ya trabajaba como marmitón (supongo que podríamos traducirlo como
pinche) en la taberna La Fricasee du Lapin y antes de los 16 años ya era famoso
en Paris por sus habilidades, hasta tal punto que a esa edad lo contrató Chez
Bailly, el repostero más conocido de Francia. En su taller se especializó en
repostería y, especialmente, en el servicio de grandes banquetes y, tras pasar
por algún otro negocio, a los 21 años era dueño de su propia pastelería,
situada en la Rue de la Paix.
A lo largo de la década
siguiente debió ir puliendo sus habilidades sociales y aprovechando las
oportunidades de codearse con la gente adinerada para la que servía banquetes,
ya que lo siguiente que se sabe es que hacia 1805 trabajaba asiduamente para
Talleyrand -primero ministro y luego Gran Chambelán de Napoleón- y que en 1814
está trabajando para el Zar Alexander I, por entonces establecido en Paris.
Después vino un
peregrinaje que le hace estar al servicio del Príncipe de Gales (futuro Jorge
IV) en Londres, Lord Steward (embajador británico en Viena), Lord Stairs
(embajador británico en Paris), el Príncipe Sterhazy (embajador austríaco en
Paris) y el Barón Rothschild antes de retirarse a los 47 años de edad para
pasar los tres últimos años de su vida dedicándose a escribir.
Pero al margen de su vida,
que podría encontrarse en cualquier biografía de la vieja escuela y que, en
todo caso, lo convierte en el primer Sart Chef (término que tanto gusta a los
estadounidenses) de la historia, lo realmente importante de Careme es su visión
innovadora de la cocina. Eso es lo que hace de él una figura auténticamente
revolucionaria.
Durante años se dedicó a
estudiar el recetario tradicional francés (tanto el popular como el de las
clases adineradas) y, partiendo de esos conocimientos, propuso una síntesis
renovadora, lo que podríamos llamar una "cocina francesa revisada" en
la que por vez primera se sistematizan los caldos, los fondos y las salsas.
Aunque esa fuera la única contribuición no sería poco, y no me refiero
únicamente al hecho de que la versión escrita de este recetario, su célebre Art
de la Cuisine aux XIX Siecle , ocupe cinco tomos (de los que, por cierto, no
hay publicado en España más que un pequeño extracto, lo que me parece muy
significativo), sino más bien a que sin ese estudio sistemático no hubiera sido
posible el trabajo de Escoffier y de todos los que vinieron después.
Pero es que, además, Careme
se adelantó en más de 150 años a la Nouvelle Cuisine en cuestiones como su
reivindicación del recetario tradicional (algunos dirían ahora de la cocina del
terruño). Y, aún más, le sacó casi dos siglos de ventaja, con las lógicas
diferencias y limitaciones, a la cocina molecular que hoy está tan de moda y
que nos suena tan moderna al proponer el estudio analítico de algunas recetas
tradicionales como el Pot au Feu. Por primera vez se proponía el estudio
científico de la cocina.
Así que tenemos al primer
Star Chef, al compilador del recetario clásico francés y al gran renovador del
mismo, al precursor de algunos detalles de la Nouvelle Cuisine y de la relación
ciencia/cocina... Y pese a todo el gran público, incluso aquel que es capaz de
situar a Escoffier o a Brillat-Savarin, suele saber muy poco o casi nada sobre
él. Así que -será por mi gusto por las antigüedades y por el origen remoto de
las cosas- éste es mi granito de arena para que, por fin, se le haga justicia.
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